El hígado graso es una enfermedad que afecta alrededor del 30 por ciento de la población mundial y se asocia a la prevalencia de obesidad y diabetes. Se prevé que la frecuencia de hígado graso aumente en los próximos años.
El tratamiento para esta enfermedad se basa, fundamentalmente, en cambios en el estilo de vida (dieta, ejercicio físico, etc.). Entre las dietas utilizadas para la pérdida de peso se encuentra la que es pobre en hidratos de carbono, que consiste en reducir el consumo de carbohidratos a menos de 130 gramos diarios aproximadamente.
En la revista Nutrition and Metabolism se ha publicado un artículo en el que se describe la eficacia de la dieta pobre en hidratos de carbono para el tratamiento del hígado graso. En este trabajo se incluyeron 220 pacientes, diagnosticados con hígado graso, alcanzando una pérdida media de 4 kilos, con una reducción de 4,84 centímetros de perímetro abdominal. Por otra parte, disminuyó el nivel de la transaminasa glutámico-pirúvica (TGP) de manera significativa, reflejando una mejoría en la inflamación del hígado. Se mejoraron los indicadores del metabolismo de la glucosa y, finalmente, se contribuyó a reducir la tensión arterial diastólica. Además, se comprobó en este estudio, que la eficacia de la dieta era superior si se aplicaba durante 12 semanas frente a 8 semanas. El mecanismo, por el que la dieta pobre en hidratos de carbono beneficia al hígado graso es el siguiente: la disminución de hidratos de carbono produce pérdida de agua, inhibe el apetito y provoca destrucción de grasa.
Tanto el doctor Carreño como los médicos de la Fundación consideramos que los resultados de este estudio son importantes para tratar de prevenir el desarrollo del hígado graso.


