El hígado graso y la hepatitis B pueden coexistir y agravar el daño hepático. El tratamiento conjunto ayuda a reducir inflamación, fibrosis y progresión de la enfermedad.
El síndrome metabólico aumenta el riesgo de cáncer de vías biliares, especialmente en pacientes con hígado graso, donde la enfermedad hepática es más agresiva.
Un estudio muestra que la espironolactona reduce el riesgo de hígado graso en pacientes con hipertensión, disminuyendo la acumulación de grasa hepática y la progresión de la fibrosis.
Un estudio muestra que comer menos de tres veces al día y ayunar más de 14 horas aumenta el riesgo de hígado graso por alteraciones del ritmo circadiano.
Un estudio publicado analiza la eficacia de la dieta baja en hidratos de carbono en pacientes con hígado graso. Los resultados muestran pérdida de peso, reducción del perímetro abdominal y mejora de la inflamación hepática y del metabolismo de la glucosa.
HU6 es un nuevo fármaco oral que reduce la grasa hepática y el peso mediante aceleración metabólica controlada, mostrando buenos resultados frente al placebo en ensayos clínicos.
Un estudio demuestra que el consumo diario de alcohol, incluso en pequeñas cantidades, empeora la fibrosis hepática en pacientes con enfermedad hepática grasa.
Nuevos estudios muestran que la vitamina E puede disminuir la fibrosis hepática en pacientes con enfermedad hepática grasa, reforzando su papel como tratamiento útil junto con dieta y ejercicio.
Roncar se asocia con un mayor riesgo de hígado graso, independientemente de otros factores metabólicos. Dormir menos de 7 horas también incrementa la posibilidad de desarrollar la enfermedad.
Las mujeres con menarquia precoz tienen mayor riesgo de hígado graso. Retrasar su aparición reduce el riesgo, por lo que se recomienda control de peso y evaluación hepática.