La actividad física es fundamental para prevenir y tratar el hígado graso, ya que ayuda a reducir la acumulación de grasa y la inflamación hepática. Tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza aportan beneficios para la salud del hígado. Se recomienda realizar entre 150 y 300 minutos de actividad física moderada a la semana para mejorar la salud hepática y el bienestar general.
Un estudio publicado en Scientific Reports analiza la relación entre la periodontitis y el hígado graso. Los resultados muestran que determinados signos de enfermedad periodontal, como una profundidad superior a 6 mm y el sangrado gingival, se asocian con la presencia de hígado graso y un mayor grado de fibrosis hepática.
El hígado graso y la hepatitis B pueden coexistir y agravar el daño hepático. El tratamiento conjunto ayuda a reducir inflamación, fibrosis y progresión de la enfermedad.
Un estudio muestra que comer menos de tres veces al día y ayunar más de 14 horas aumenta el riesgo de hígado graso por alteraciones del ritmo circadiano.
Un estudio publicado analiza la eficacia de la dieta baja en hidratos de carbono en pacientes con hígado graso. Los resultados muestran pérdida de peso, reducción del perímetro abdominal y mejora de la inflamación hepática y del metabolismo de la glucosa.
Orforglipron, un GLP-1 oral, demuestra eficacia en la pérdida de peso y podría convertirse en alternativa a fármacos inyectables como Ozempic o Wegovy.
Las mujeres con menarquia precoz tienen mayor riesgo de hígado graso. Retrasar su aparición reduce el riesgo, por lo que se recomienda control de peso y evaluación hepática.
MariTide, un nuevo fármaco para la obesidad, logra significativa pérdida de peso con una sola inyección mensual, mejorando además presión arterial y glucosa en pacientes tratados.
Un estudio comparativo demuestra que tirzepatida es más eficaz que semaglutida para perder peso, reducir grasa abdominal y mejorar la presión arterial, con efectos secundarios similares. Ambos fármacos ya se usan para obesidad e hígado graso.
El ejercicio a intervalos de alta intensidad, junto con dieta controlada, reduce grasa hepática, inflamación y daño histológico en pacientes con hígado graso, logrando curación en el 56% de los casos tratados.